08
Sep 2008

El cura Brochero

Archived in the category: Personas y personajes

Gabriel del Rosario Brochero nació en Santa Rosa de Río Primero el 16 de marzo de 1840 en el seno de una humilde y honorable familia. Fueron sus padres don Ignacio Brochero y doña Petrona Dávila.cura Brochero

Cursó estudios primarios en su pueblo natal. Ingresó en el Seminario de Nuestra Señora de Loreto, en Córdoba, ordenándose sacerdote el 10 de diciembre de 1866.

En 1867 el cólera asoló Córdoba. Alll estuvo Brochero, ayudando a trasladar enfermos, practicando las
friegas de remedio de la época, brindando asistencia religiosa a los moribundos y cubriendo con su caridad la miseria de los deudos.

Acabada la pesadilla de la peste, el Padre Brochero partió a hacerse cargo del curato de San Alberto, en Trastasiena. Contaba con veintinueve años de edad.
Desde ese momento y hasta su muerte, se convertirá en el gran apóstol y constante propulsor del progreso del oeste cordobés.

Su primer destino fue la villa de San Pedro, cabecera entonces del curato de San Alberto. Siendo preciso construir la iglesia y no encontrando obreros voluntanos entre los feligreses, púsose a trabajar personalmente con un grupo de seminaristas: se arremangó la sotana y, descazo. guió la mula prestada para amasar que fabricó los ladrillos. Y el ejemplo movió la voluntad de los paisanos. En todo momento demostró ser hombre tanto de oración como de acción.

En Villa de Tránsito (hoy Cura Brochero) su obra fue colosal. No sólo se consagró a la salvación de las almas, a cuyo fin organizó numerosas tandas de ejercicios espirituales, sino que trató por todos los medios a su alcance de liberar a los lugareños de la pobreza, aportándoles ayudas materiales. Luchó incansablemente por sacar al oeste Cordobés del aislamiento en que lo coloca el cordón de las sierras Grandes. Impulsó la construcción del camino de las aitas cumbres, que une la capital de la provincia con Villa Dolores, principal ciudad de Traslasierra. Proyectó la construcción de un ramal
ferroviario que uniera Villa Dolores con Soto, consiguiendo que el mismo fuera aprobado por ley de la
Nación. Pero la obra no llegó a concretarse. Estableció molinos para el trigo y el maíz, edificó capillas,
construyó la Casa de Ejercicios, creó el colegio regido por ias Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón y sembró de escuelas su curato. Construyo acequias y canales.

Corno sacerdote, su labor apostóiica fue inmensa. Se adaptó fácilmente a los modos de vida y toma de ser del hombre serrano y supo transmitirle la palabra de Dios con la sencillez y gracejo que convenían a las circunstancias.

Contrajo la lepra corno consecuencia de contacto con enfermos a los que buscaba con amoroso celo. Ya anciano, ciego, leproso y envuelto en la mayor pobreza, murió serenamente el 26 de enero de 1914. Sus restos descansan en la capi!la de la Casa de Ejercicios, en villa Cura Brochero.


Extraído de Manual Estrada, Suplemento para la provincia de Córdoba. 1987

07
Sep 2008

escudo colegio monserratLa nobleza de la creación del Colegio Convictorio necesitaba objetivarse en un escudo, que nucleara tras él a aquellos que al pasar por sus claustros forman parte de esa gran familia identificada con sus insignias.

El Escudo Monserratense marca, a través del tiempo, la alcurnia de su espíritu y como en la mejor tradición secular, es hereditario.

Duarte y Quirós quiso darle esta identificación a los hijos de su gran familia y para que el mismo desafiara la batalla del tiempo, apeló en su composición a los símbolos espirituales, que por atemporales, no perderían nunca vigencia.

Así, en su campo se destaca en el palo un gran clprés que naciendo desde la punta donde se arraigan sus raíces, se abre en la faja con esplendor de ramas que representan todas las generaciones de monserratenses unidas en perfecta comunión.

Arriba ya en jefe la estrella, la Stella Matutina, que representa la Virgen en su carácter de Madre Universal, Madre de todos los humanos, protegiendo su vida.

Dos llaves que se cruzan en esta parte superior separando la Estrella y el Ciprés nos recuerdan las dos llaves que deberían abrir el entendimiento: aquella que facilitaría el encuentro con “las letras” que era en ese entonces la sabiduría humana, el bagaje de conocimientos y experiencias de los negocios terrenos y aquella otra que permitiera entrar en el mundo trascendente de “la virtud” que es la ruta de las verdades eternas, el encuentro con Dios, camino que lleva a la meta de la Gloria.

Porque ‘En Virtud y en Letras” deberían formarse los nuevos caballeros, que armados con ellas llevarían el nombre de la Universidad ante el corazón de las gentes. (ut… portet nomen meum in coram gentibus”).

Cuatro flores de lis en la franja y cuatro rosas en la punta, a diestra y siniestra anuncian al viandante que aquí, bajo estos muros y hacia los cuatro rumbos, la pureza del lirio y el encendido rojo de la caridad, serán los atribufos irrenunciables de aquellos que al pasar por sus claustros velaron armas para salir caballeros en la vida, donde la luz que emana del Montserrat será foco siempre encendido
por la gracia de la Estrella.

Un ramillete de lambrequines distribuidos en forma simétrica le hacen marco al escudo, rodeado de piezas honorables con las 8 cruces que también en simetría anuncian el equilibrio que la razón exige a los estudiosos.

Y porque el Escudo es identidad, él debe estar presente en los grandes acontecimientos y en el hecho cotidiano, en los fastos del Colegio y en las acciones grandes y pequeñas de la vida, porque no es sólo defensa y protección sino definición del Alma Mater que fue moldeando el espíritu monserratense, resumen entonces de un ideal irrenunciable.

Extraído de El Monserrat. Trescientos años 1687-1987. Francisco Beato y otros. Córdoba, 1987.

El padre había hecho una gran fortuna y sus dos hijos disfrutaban de buena vida. Era un buen trabajador en el campo y además tuvo suerte con algunos de los negocios que había emprendido. El hombre, que era bastante mayor, un día enfermó gravemente y poco tiempo después murió. Así fue que dejó para sus hijos esa inmensa fortuna.

Cuando el tiempo de luto se cumplió, los muchachos se hicieron cargo de sus riquezas y se dispusieron a disfmadas a lo grande. Comenzaron a aparecer amigos de todos lados, los gastos aumentaban más y más.

Desgraciadamente, para sostener el modo de vida que eligieron, necesitaron comenzar a vender parte de los bienes heredados. De a uno fueron despojándose de los buenos enseres de: hogar, hasta
que ya nada quedó y tuvieron que vender la propiedad paterna en toda su extensión.

De la riqueza y de la vida fácil pasaron abruptamente a conocer la cara más cruda de la pobreza. No tenían ni casa ni abrigo. Los que se decían amigos, raudamente habían desaparecido. En esa
situación se encontraban cuando, al no hallar remedio a la miseria que los perseguía, los ganó la terodesesperación. Se fueron al campo, se ocultaron de sus vecinos y se pusieron a llorar desconsoladamente, hasta quedarse dormidos.

Cuando despertaron, descubrieron su pequeñez y su nuevo aspecto: quisieron hablarse y no pudieron, solo un extraño sonido surgió de sus antiguas bocas. Se habían convertido en aves, eran teros. Sin embargo, algo conservaban de su pasado esplendor: la corbata y la pechera de la camisa. Y parte de su soberbia quedó plasmada en un copete.

Así castigó Dios la imprudencia de estos jóvenes. Pero aún hoy puede observarse, como prueba de su arrepentimiento, un círculo rojo alrededor de sus ojos, huella visible de su angustioso llanto
producido por tan mal comportamiento.

Extraído de Leyendas indígenas de la Argentina, de Lautaro Parodi. Ediciones Libertador. Buenos Aires 2005

05
Sep 2008

Junto al rancho medio arruinado, hay tres durazneros de avanzada edad, que tiritan de frío al vientecillo de la tarde, porque la escarcha los ha dejado completamente desnudos.

El campo, amarillento en la extenuación de las hierbas marchitas; la casa color de tierra, bastante ladeada, como un animal que cojea; los árboles deshojados, cuyos varillajes recuerdan vagamente destrozados miriñaques del tiempo ido; la inmensidad del horizonte, del cielo claro, bajo el cual se fatiga el silencio, sugieren indefinibles tristezas.

El calor prematuro de los últimos días no ha podido conmover la austera taciturnidad de los campos, que continúan pensando en la muerte. Y como apenas una cosa se pone triste, adquiere algo de humano, aquel paisaje cobra aspecto de viudez y los bueyes flacos que por él cruzan, tienen paso de personas.

Una carreta ha puesto el colmo a esa melancolía de la triste campaña. Cruzó rechinando nostalgias, dando barquinazos,  parecía reumática. Rudamente, quejabase la madera, achacaba torturas a la azuela indocta. Entre los rayos de las ruedas enormes había pedazos de cielo. Y cuando el vehículo pasó, sus anchos surcos dejaron en la llanura una interminable paralela, que semejaba la persecución infinita de un pensamiento geométrico. Aquello está decididamente melancólico. Lleva mal cariz la meditación de las cosas.

Por el lejano camino, el polvo reseco se arremolina con bruscos giros, baila la tromba en pequeño, furioso, más deshecho, a poco andar, en la aburrida laxitud del ambiente. Pero. ¿no hay algo que se mueve bajo los árboles desnudos, alli cerca del rancho, al amor de la perezosa resolana?

Diríase que son la muchacha dueña de casa y un mozo, que de seguro no pertenece a ésta. Tomados están de las manos, y parece que respetan el vasto silencio de las campiñas, pues no hablan. No hablan, porque tienen los labios ocupados en una deliciosa ocupación.

Usted. señorita, creerá que se están besando. Yo no lo sé: pero lo cierto que los viejos árboles. quienes, no obstante su grave aspecto sienten la inquietud del extemporáneo calor, a la muchacha, que acaba de apoyarse en ellos distraídamente, los viejos árboles le han cubierto las manos de besos en forma de florecillas rosadas.

Y este año ya no habrá fruto… es decir, duraznos, a lo menos…

Caras y Caretas 16 de septiembre de 1899

Extraído de Leopoldo Lugones, cuento, poesía y ensayo. Antología. Ediciones Colihue. Buenos Aires 1994.

Se concursa en 1925 resultando ganadores los arquitectos Jose Hortal y Salvador Godoy, y la construcción finaliza en 1936.

Tipológicamente constituye un ejemplo de neoclasicismo ortodoxo, que encuadra dentro de las normas prescriptas para la arquitectura en el siglo XIX, a pesar de su tardía realización.

Simétrico. los cuatro ingresos dispuestos en los ejes de la composición y los tres patios ordenando las oficinas, ubicadas a lo largo de circulaciones centrales lo corroboran.

En el eje principal definido por dos de los pórticos se ubica el “salón de los pasos perdidos”, el espacio más significativo del edificio, de doble altura, cubierto con una bóveda de caíion comdo, en realidad un cielonasa, que está planteado a la manera de las basilicas romanas, sede de la administración dePalacio de Justicia de Córdoba - Fotos y plano
justicia, en una clara alusión a ella. La galería que lo rodea se abre a los patios menores permitiendo la iluminación de este gran ámbito tratado en mármol y revoque blanco. Las monumentales columnas corintias del salón, así como las jónicas del pórtico principal y la sucesión de pilastra dóncas adosadas a los muros de fachada, la “composición” de la envolvente en general, muestran el academicismo clasicista de la época.

Parece interesante seiialar que los mismos arquitectos presentaron al concurso otro proyecto, también premiado, con el mismo planteo tipológico-funcional, pero resuelto en el lenguaje neo plateresco, del movimiento “restauración nacionalista“. que muestra el eclecticismo del momento.

Extraído de 1573-2000 Arquitectura de Córdoba, de Adriana Trecco.

Página 742 de 755« Primera...102030...738739740741742743744745746747...Última »
  • Política de privacidad del blog