Hace unos cuantos años, saliendo de una conferencia, una persona se acercó y me pidió una tarjeta personal. Realmente no me acuerdo la cara de esta persona, pero me dijo algo que me marcó durante muchísimo tiempo.
Al ver mi tarjeta me preguntó porqué no ponía “Lic.” en la tarjeta personal, a lo que le respondí que porque no lo era!! estaba estudiando y trabajando, entonces todo se dilataba mucho y se hacía cuesta arriba…
Esta persona, me miró y me hizo una pregunta muy rara:
- ¿Sabés que quiere decir “Lic.” en la tarjeta??
- Licenciado, respondí
- No!! – me dijo – quiere decir que terminas lo que empiezas…
A partir de ese día el no terminar la carrera fue un recordatorio permanente de no finalizar lo que empezaba y siempre me pesó, a pesar de que como profesional ya estaba cosechando frutos.
Cuando leí estas palabras, me llamaron la atención dos cosas:
1- Que haya gente como este señor, con la lengua más rápida que el cerebro
2- Que unas palabras tan huecas puedan afectar a alguien que está donde quiere estar.
Como yo también soy una “No-Licenciada que no termina lo que empieza”, me tomo la molestia de hacerme cargo de un comentario así para analizarlo en primera persona.
Veamos cómo son las cosas desde un principio y con la lógica del señor que te hace un fondo de ojo en la tarjeta personal:
Uno tiene derecho a elegir los principios, pero está condenado a tener finales previsibles.
Desde la óptica tan poco proactiva de este buen hombre, uno ingresa por una línea de montaje universitaria donde, como si fueran engranajes, nos van metiendo uno a uno los conocimientos, como si uno solo tuviera que “pasar”, que hacer un trayecto prediseñado con un final bastante obvio llamado “Licenciado”, “Ingeniero”, “Arquitecto”, etc.
Si uno cambia de planes se transforma en un objeto inacabado, trunco, a medio hacer… en sus mismas palabras “que no termina lo que empieza”.
¿Por qué si se puede elegir por donde empezar no se puede terminar cuando uno lo considere adecuado? ¿Quién, sino uno mismo, es el único capaz de evaluar algo tan personal como una desición así? ¿Por qué hacer las cosas sin manual está tan mal visto?
A ver, volvamos a contextualizar.
Hablamos de universitarios, de gente que ya es mayor de edad como para tomar sus propias decisiones y asumir las consecuencias de ello… entonces ¿Por qué se confunde objetivos personales con cumplimiento de una curricula aprobada por el Ministerio de Educación?
En el camino que uno recorre en una carrera universitaria, hay conocimientos que nos acompañarán toda la vida y nos recodarán siempre que valieron la pena, y otros que olvidaremos medio segundo después de haberlos rendido en un final.
Creo que sea como sea que uno termine cualquier actividad, siempre hay una ganancia, siempre suma algo a su conocimiento, a su experiencia y a su visión del mundo.
Aún cuanto solo sea para saber que eso no nos gusta. Por lo tanto, aunque uno no termine formalmente algo, nunca se va con las manos vacías; todo está en la entrega y el compromiso que haya tenido en el proceso de aprendizaje… porque después de todo, de eso se trata ¡De aprender! De tomar lo que sirve y aprehenderlo. Y de descartar las boludeces. De sacar nuestras propias conclusiones y de ser críticos. De preguntar por qué una y otra vez. De argumentar y de exigir que los argumentos de los demás tengas bases sólidas para ver qué tan creíbles son.
Hace algunos años, una persona muy cercana a mi familia me hacía el insistente comentario sobre mi “carrera abandonada” (me da gracia el término, suena a una licenciatura en diseño llorando despechada por ahí ), y por qué no terminaba si me faltaba poco.
El poco o mucho no está en el tiempo, sino en las ganas y en el esfuerzo que uno quiera poner para concretarlo. Y yo la verdad no tenía (ni tengo) el más mínimo interés en hacerlo. No me cambia nada. Entonces, si no hay motivación ¿para qué hacerlo? ¿Para cumplir? ¿Con quién? ¿Con los demás? ¿Y yo qué gano?
Esta persona, que aprecio y sé de sus buenas intenciones, podría decirse que dejó muchas cosas a medio hacer en su vida: dejó sus sueños por casarse y después, a la vuelta de los años, su pareja la dejó a ella; dejó de desarrollar su potencial para ser esposa y madre, dejó de aprovechar su energía y juventud para confiar en las desiciones de otra persona que no terminó con lo que había empezado en el altar.
Y aún así, quizás esta persona volvería a elegir lo que eligió, quizás internamente sus objetivos están cumplidos. O quizás le duela más sentir el dedo acusador de la carnicería social del “no terminaste lo que habías empezado”.
De poco sirve ponerse metas frente a las expectativas hipócritas de los demás. Cuando una persona tiene la cabeza hueca de aforismos y postulados sobre lo que la vida es o debería ser, no hay más remedio que poner la sonrisa más cínica que nos salga y decirle en la cara: USTED ES UN PELOTUDO.
El pintor Francis Picabia dijo alguna vez: la cabeza es redonda para permitirle al pensamiento cambiar de dirección.
Y estamos condenados a eso si lo que esperamos de nuestra vida es irnos fortaleciendo en el camino, tomando nuestras propias decisiones, siendo mucho más nosotros mismos que una figurita que quiere encajar en lo que el entorno propone, cuestionando mandatos sin fundamentos y re-creando para adaptarlo a lo que nos interesa.
Los principios y finales de todo en mi vida son míos. Nunca nadie logró decidir ni unos ni otros. Nunca nadie logrará hacerlo, tampoco.
Finalmente, si algún día me encontrara con este señor, yo también le pediría su tarjeta para evaluarlo un poco.
De seguro que encontraría los clichés inevitables de alguien sin imaginación que cree que un diploma (más que los conocimientos que pudiere acreditar) es la gran cosa: papel comunacho, el título antes que el nombre, si es abogado doble apellido, fuente en cursiva, y la abreviatura del título en la dirección de un correo que, invariablemente, será de hotmail o yahoo
(…) todavía dudo de que la amistad verdadera exista. Tengo “amigos” en distintos grupos, salimos, festejamos cumpleaños, hablamos, nos divertimos… pero al sentimiento profundo, incondicional y perdurable, no lo tengo con nadie. Cada vez que creí tener un mejor amigo, amigo del alma, como quieran llamarlo, de una u otra manera me decepcionaron (…)
Aunque algunos (…) desaparecieron de mi vida, a otros los sigo viendo y cuando hablo de ellos me refiero como “amigo/a”. Sin embargo, fueron ellos quienes me llevaron a creer que la amistad no existe (…)
Muchas veces he tenido sentimientos hacia la amistad muy parecidos a estos, sintiendo que algo fallaba por no poder tener un amigo/a al estilo de los de novela adolescente.
Muchas sesiones de terapia giraron alrededor de la amistad: por qué hay gente que es como Roberto Carlos y tiene un millón de amigos; y por qué soy antisocial y detesto a la mayoría de las personas
Repasando mi curriculum de amistades puedo decir:
- Guardería: no recuedo a nadie. - Jardín de infantes: tampoco recuerdo a nadie. - Primaria: tenía un grupito de “amigas”. Eramos cuatro, dos eran mas amigas entre ellas y siempre se votaban entre sí como mejor compañera. A su vez siempre nos hacían sentir menos a mi y a la otra chica, razón por la cual cada tanto nos peleábamos con el “no soy mas tu amiga”. Siempre supe que las detestaba, aunque no fueran tan malas en el fondo.
Con la otra chica me llevaba bien, pero nada loco tampoco.
Cuando terminamos la primaria las tres se cambiaron de colegio y ahí acabó todo. - Secundaria: también tuve un grupito de amigas y aunque la cosa mejoró sustancialmente, dos años después de terminar el colegio nos distanciamos por cosas que algún día contaré en otro post. Solo diré que fue uno de esos distanciamientos donde lo que me quedó fue un “Parece que la amistad funciona sólo cuando las cosas van bien”.
No guardo rencor ni nada. De hecho cuando la tormenta pasó entendí que de una u otra forma no son personas con las que hoy seguiría teniendo una amistad. - Universidad: fue una época particularmente sensible en mi vida y donde no estaba en condiciones de relacionarme con nadie.
Tuve buenos compañeros, hasta alguno me dijo una vez “Che, pero nada que ver con lo que creía que eras”. Así que ya ven, tan mala no soy cuando me dan margen. - Post universidad: apareció alguien que duró un tiempo y se acabó. Y después apareció otra persona que sigue estando.
Estas dos amistades fueron como amores a primera vista: nos conocimos y sentimos eso especial.
Acá hago un paréntesis para hablar de cuatro personas que han sido mis grandes amigos (recordando lo de fidelis):
- El primero: era amigo cuando nadie mas estaba, aunque también se aprovechó (consciente o inconscientemente) de eso. Yo seguí considerándolo mi amigo pero él no estaba a la altura de las circunstancias de diferenciar exnovia que siguio con su vida y le chupa un huevo el verso del primer amor inolvidable con tener derechos inalienables por ser el primero en una serie de cosas que, tarde o temprano, podrían haber pasado con cualquiera.
Fue bueno no verlo más. - El segundo: no me quiso ni como novia ni como amiga. Y entiendo ambas cosas, a esta altura. Pero no deja de apenarme lo segundo. Tengo un cariño especial por su recuerdo y por ahí me hubiera gustado seguir el contacto. Pero me parece que el radar de “Esta mina está demasiado enganchada” se le activó y no quiso saber nada más. - Diego: a pesar de haber convivido y cortado eso, pudimos separar los tantos y diferenciar que la relación de pareja se acaba pero siempre hay amor y compañerismo entre los dos.
Era hora que dejara de salir con inmaduros emocionales - Guille: un gran amigo, aunque a veces no entiendo bien por qué lo somos si no tenemos nada que ver el uno con el otro ni me parezco a sus amigas (cosa que considero muy positiva, por cierto ).
Después de este listado, llego a la conclusión que mi sistema de relaciones viene con fecha de vencimiento.
Todas mis relaciones de amistad (las que caben en el etiqueta mejores-amigos-que-nos-contamos-todo) han llegado a un punto de morir por un ciclo natural y con una aceptación de esa muerte como si fuese algo que inevitablemente sabía que iba a suceder.
No siento en lo más mínimo una presión para añejar relaciones, para que mi teléfono no deje de sonar hoy 20 de julio, para pensar que todos los demás lo tienen menos yo, para pensar que tendré que contar “la” joda que hicimos con los chicos/as el fin de semana, para mostrar fotos de un grupo de gente abrazada como si se quisiera.
Y cuando lo pienso, cuando pienso como voy cambiando y como han ido cambiando ellos/as, comprendo cuanto bien nos hace que así sea ¡Qué suerte no tener que fingir que porque me convidaste una chocolina en el recreo en 1988 ahora me interesa ver las fotos de tus hijos! Y a esos amigos que se vencieron tampoco les importa nada de mi ¡Qué suerte tengo! ¡No tengo que ponerlos al tanto de estos últimos 20 años de mi vida y ver sus caras de aburrimiento!
Hoy puedo decir que tengo las relaciones que quiero: y son pocas, poquísimas.
Me sobran los dedos de una mano para contar a las personas con las que puedo hablar de mis miedos y de mis sueños (dos cosas dificilícimas de hablar, vieron?). Son las personas en quien confío y creo HOY. Y que saben de esta particular teoría del amor a plazos y aún así pueden quererme sin pensar en eso. Y también puedo quererlos sin mirar el cronómetro esperando el final.
Sacando a ese pequeño círculo, hay unos cuantos amigos que saben que los quiero mucho, que me alegra verlos, estar con ellos, poder ayudarlos si me necesitan o compartir un momento de alegría si hay algo para festejar.
Y después viene un grupo de gente a la que le tengo mucha simpatía, tengo un trato amistoso cada vez que los veo (incluso algunos por Twitter o comentaristas del blog a los que nunca vi), y de los que desconozco casi todo de sus vidas.
Como pueden ver, la realidad supera a la ficción, siempre!
Ah! no puedo dejar de agradecer las presencias de (por orden alfabético para que después no digan que tengo preferencias ):
Diego: mi exnovio que prometió que se iba a parar sobre la silla al grito de “demasiada ropa” emulando a Homero Simpson y no lo hizo. Una vez más me depilé al pedo.
Guille: mi actual novio que fue el encargado de filmación, fotos, ensayos, acompañamiento a comprar el vestido, apoyo moral y apoyo inmoral cuando nadie mira
Mamá no pulpa: que encontró la respuesta a su “¿Pero vos sos graciosa?”. Increíblemente, y a pesar de tu aporte de genes, sí, soy graciosa!
Mamá Pulpa: ¿Nuestra próxima chica stand up? Le tenemos fe para la geohumorlogía en el escenario de los congresos geológicos.
Miriam: mi peluquera oficial y amiga de la familia que cambió los turnos de sus clientas para venir.
Papá Pulpo: coming soon arreglaremos actuaciones en el Chigolo con un elenco de pacientes invitados.
Tía Mercedes: la llamé para invitarla ese día y casi ni le dije lo que era. Pero se entretuvo bastante.
También agradecer y felicitar a mis compañeros del curso: Roberto, Lili, Laura, Martín, Sebastián, Ricardo y Carlos por la buena onda en las clases.
Y al profe Cherca por sus enseñanzas para comenzar a explorar el mundo de la actuación y la escritura de guiones. La verdad es que me gusta mucho
Y ya que estamos, les paso el chivo: en agosto comienza un nuevo curso de stand up en María Castaña, así que si alguno tiene ganas se puede sumar.
Yo soy quien
Se dormía en las clases de historia
Y aún me vez con mi propia manera de ser
Soy el niño
Que el amor declaraba en forma de canciones
Disfrazando por vergüenza tanto delirio.
Soy un niño a pesar de los treinta cumplidos
Se bien que nunca daré lo que es mío,
Los recuerdos con que me crié…
Siempre niño, que al mirarme al espejo
entendí que lo importante
Es ser igual por dentro…
Y luchar cada minuto, que no se malgaste, no quiero hacerme…
Grande, no quiero hacerme grande
Y traicionar un sueño
Grande es nuestra libertad…
Se que hay estrellas, no cuantas hay,
No se muy bien cual es mi edad,
Da igual si estamos de visita…
Creceré sin ser grande es lo que hay…
Yo no soy
De esos tipos que fingen ser fuerte (no me falta valor)
No me voy
A esconder cuando quiera llorar
Por que es mas digno mostrar
El valor en un gesto que fría un sólo instante
Por que dentro de nosotros,
Siempre, late el alma de un gigante…
Grande, no quiero hacerme grande
Y morir por dentro…
Grande, es nuestra libertad…Sin pensar…
Por esas canas, cuantas habrá,
Da igual cien años o un millar,
Da igual si estamos de visita…
Creceré, pero no me haré grande eso es lo que hay.
Y quizá, quizá.
Cuanta mentira en la verdad hallarás…
Cuento contigo sin contar ni tus riquezas ni tu Edad…
Yo sólo cuento las sonrisas…
Por que estamos de visita…
Crecerás, sin ser Grande… en libertad.
No quiero hacerme grande…
En el mundo extraño en el que vivo parece haber muchas empresas interesadas en que mi módico ingreso vaya a sus bolsillos.
Ya conté lo que me pasó con Banco Santander y ahora es el turno de relatarles cómo me persigue Telecom.
A ver, ¿Cómo explicarles esto?
Resulta que tengo un ex novio (bueno, tengo varios ex novios, pero hoy les voy a hablar de uno nomás), con el que convivimos casi dos años y medio y que se quedó viviendo en aquel departamento que fuera nuestro nidito de amor. Pongamoslo así: en el reparto de bienes, yo me quedé con el lado de afuera
Hablando en serio, con Diego, mi ex, nos queremos mucho y nos ayudamos siempre, así que no le iba a desarmar la casa sólo porque la relación terminó. Ya les hablé de mi creencia en la fidelis.
Volviendo al relato, les cuento que ya en la época en que vivíamos juntos todos los meses recibíamos el llamado de Telecom preguntándonos qué empresa de internet teníamos y si nos queríamos cambiar a Arnet.
A tal grado de molestia llegaron esos llamados que el día que estaba haciendo mi mudanza definitiva para el lado de afuera, entre el nudo en la garganta, las ganas de llorar, los pañuelos llenos de moco y el corazón partío… ¡De nuevo Telecom y su insistencia con Arnet!
Sépanlo señores de Telecom: a la gente real le pasan cosas reales. Se separa, tiene mal humor, quiere llorar, se pelea, está enferma, se está bañando, está teniendo sexo, está durmiendo la siesta o miles de cosas más para las que su llamado es A) Altamente inoportuno; y B) Irrelevante.
Si quisiera cambiar de proveedor de internet los llamo, de verdad. Me escupo la mano y hacemos un pacto de honor. Me beso los dedos haciendo la señal de la cruz. Se los juro por mi mamá. Lo que sea para que de una vez por todas dejen de llamarme.
Pero no. Ni amenazándolos con una denuncia por acoso en las oficinas de Derecho de consumidor se dejaron de joder.
Pero lo loco, lo extraño y lo bizarro es que ¡todavía lo siguen llamando a mi ex y preguntando por mi! Para él perfecto porque le da la excusa para que nadie me encuentre jamás y que no empiecen a buscarlo a él. Y también para inventar historias raras como la que se mandó ayer:
Telecom – Hola! Está empleadadetelecommellamapormisegundonombre? (eso debe ser una técnica para confirmar el nombre del que vive en la casa o algo así).
Diego – No, no está.
Telecom – Y a qué hora la encuentro?
Diego – Yyyy, vuelve como a las 12 de la noche. (Telecom, qué te importa a qué hora vuelvo??? quién sos??? mi mamá???)
Telecom – Y vos que sos de ella? (Bueh, parecen de la Federal)
Diego – Yo soy el chico con el que sale.
Telecom – Ahhh. el novio.
Diego – Noooo, no soy el novio. Nosotros tenemos una relación libre y sin compromisos.
Telecom – Y le atendés el teléfono???? (Señores de Telecom: los tipos sin compromiso con los que salí, salgo o pudiera salir están autorizados a atender el teléfono, pero no a abrir la heladera, ni la compu, ni mi ropero sin permiso).
Diego – Si, es que ella no está y me dejó a cargo de la casa. Está trabajando y vuelve a las 12 de la noche (trabajo raro el que me consiguió para salir a esa hora ).
Telecom – Ah bueno, gracias.
Diego – Ahí se vemos.
Como vemos que Telecom no nos va a dejar en paz, es el momento de hacer arte gracias a ellos. Así que propongo que creemos algunos temas para lograr un minidrama o una minicomedia telefónica, para hacerles perder tanto tiempo a ellos como el que nos hacen perder a nosotros. Algunos ejemplos:
- Sí, ella es mi novia, pero está en Bower. Yo le dije que matar a la vecina por la música fuerte no era una solución.
- Siiiii (llanto entrecortado y sonido de mocos chorreantes que se aspiran), está en coma desde hace dos días y ya nos preguntaron si era donante de órganos.
- Está en su sesión de quimio / diálisis / rehabilitación por su pierna amputada.
- Si, soy el mucamo. La señora no está en este momento.
- Soy el amante, ahora está en la casa del novio ¿Le quiere dejar algo dicho?
- No, yo soy un ladrón que entró a afanar. No la llame mañana porque ni teléfono va a tener.
- (Voz de teletubi) Oa, te quiero mucho Telecom!!
- Me dejó y no puedo vivir sin ella, vivo en un quinto piso y estoy con el inalámbrico a punto de saltar por la ventana.
- ¿Qué tenés puesto? Me excita el sexo telefónico, no me importa que seas hombre o mujer.
- Conozco tu voz, no sos la del 0-600-orgia?
- Se fue de excursión al Uritorco y no volvió. Creemos que pudo hacer contacto con la nave nodriza para regresar a su planeta.
- Se fue al Uritorco y logró entrar a la ciudad perdida de los Erks. Nos mandó un SMS desde allá, parece que vuelve después del mundial.
- Ayer entró como novicia a un convento. Yo no creo que esa aguante los votos de castidad, le gustaba demasiado la p…
- Se fue a Chile a hacerse la reasignación de sexo. A la vuelta va a hacer el cambio de titular para salir en la guía con su nombre masculino.
- Me dijo que se iba a la peluquería a plancharse el pelo hace como dos años y nunca más volvió. Hace unas semanas la vi bailando cumbia por la tele en Pasión Tropical.
- Por un hechizo se convirtió en maniquí por mil años. Cuando se me venza el contrato yo la dejo en este depto, no voy a cargar ese cachivache tanto tiempo.
- Tiene un blog y está escribiendo historias delirantes sobre tus llamados, podrías seguir llamando todos los meses así entretiene a sus lectores?